Estamos acostumbrados a escuchar
la frase: “los padres educan, los maestros enseñan”, pero ¿esto es realmente
así?
Todos sabemos que los niños
empiezan su educación en sus casas y que cuando llegan al colegio por primera
vez ya vienen con unos valores inculcados por sus padres. También sabemos que,
en el colegio, los niños aprenden a escribir, leer, a sumar, etc. pero, además,
aprenden a socializar con los demás, a relacionarse entre ellos.
Visto desde este punto de vista,
en la escuela está claro que no se va solo a aprender las asignaturas.
Entonces, ¿por qué se dice que los maestros solo enseñan? Este tipo de frases
son las que infravaloran el trabajo de los docentes. Un niño acaba compartiendo
gran parte de su día a día con estos maestros, a veces hay niños que ven más a
los maestros que a sus propios padres. Es por esto por lo que la figura del
maestro es muy importante en el desarrollo personal de un niño. El maestro es
un ejemplo para muchos niños y éstos acaban adquiriendo los valores que el
maestro les enseña en clase.
Gestos tan sencillos como dar los
buenos días o preguntar a sus alumnos qué tal les ha ido el fin de semana con
una sonrisa son las que hacen que hacen que un niño entre en una clase con más
o menos ganas. Cuando hay un problema en el aula entre dos compañeros la
intervención del maestro y su forma de solucionarlo hace que los niños aprendan
ciertos valores que, a lo mejor, en su casa no pueden aprender porque no se ha
dado el caso de tener un conflicto de convivencia con otro niño de su edad.
El profesor aragonés César Bona
dice “la educación para por la implicación de todos: en los centros los padres
y madres tiene que trabajar conjuntamente con los maestros, es necesario que
sean un equipo”.
Esto se debe a que en muchas
ocasiones hemos podido observar cómo los padres están en constante guerra con
los maestros, no les gusta su manera de dar la clase, o no entienden por qué se
ha regañado a su hijo. El problema es que no nos damos cuenta de que, si los
padres y los maestros no trabajan en equipo, quienes más lo sufren son los
niños. Esto puede significar que los maestros pierdan interés en el hijo de
esos padres, o que los niños escuchen cómo los padres faltan al respeto al
maestro y, por lo tanto, también lo haga él. En ambos casos, el niño pierde. Es
el niño el que acaba perjudicado.
A continuación, voy a explicar
una experiencia personal de hace un par de años dónde se ve claramente a lo que
se refiere Bona.
Un maestro de música tuvo que
hacer un examen de flauta para niños. Una madre se acercó a una tutoría con ese
maestro asegurando que su hijo tenía asma y que, por lo tanto, no iba a hacer
el examen de flauta. A esto, el maestro le dijo que los niños con asma también
podían tocar la flauta porque no suponía un gran esfuerzo para ellos, al
contrario, ayuda a controlar la respiración y, en más de una ocasión, ha curado
el asma. La madre del alumno insistía en que su hijo no iba a hacer el examen y
empezó una discusión entre ambos porque el maestro necesitaba esa nota para la
evaluación.
Cuando comenté esta situación a
personas que no tenían nada que ver con la docencia todas me dijeron que la solución
para ellos sería suspender al alumno porque tiene que hacer el examen de
flauta. Pero ¿qué hizo el maestro?
El maestro decidió aprobarle la
asignatura y le ayudó en clase a que pudiera usar la flauta, pero sin soplar
para que el niño no se sintiera especial delante de sus compañeros porque, al
fin y al cabo, era el único alumno de su clase que no tenía que hacer ese
examen, y esto le estaba causando problemas con sus compañeros.
El maestro prefirió pensar en el
alumno antes que en la madre.
Este tipo de comportamientos son a
los que se refiere el profesor Bona, los maestros y los padres tenemos el
compromiso de trabajar conjuntamente por el beneficio de los niños.
Los maestros enseñan, sí, pero
los maestros también educan. Esto es porque los maestros llegan a ser un modelo
a seguir por parte de sus alumnos y, por lo tanto, aprenden de ellos las
actitudes que tiene el maestro.
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