«Nos encontramos con que la Administración no hizo lo suficiente para
detectar y corregir una posible situación de acoso escolar y que dicha
omisión ha contribuido causalmente a la producción de un daño al
menor»”. Así reza parte del texto de la sentencia que ha condenado esta
semana a la Comunidad de Madrid por el caso de acoso escolar y discriminación racial de una menor sufrido durante su escolarización en el CEIP Cardenal Herrera Oria de Madrid.
La niña, Camila, es afrodescendiente. Durante años ha sufrido, según
denuncia su madre Petra Ferreyras, una situación de acoso escolar por
razón de su raza que era conocida por el centro educativo. Ahora, la
justicia le ha dado la razón a la familia y asegura que el centro mostró
pasividad ante los hechos y no mimplementó el protocolo vigente de
manera eficaz. Además, se relativizaron las consecuencias de dicha
situación.
La sentencia asegura, según recoge el periódico El Salto,
que “ni la dirección del centro ni siquiera el profesorado, indagó
sobre lo que realmente estaba sucediendo, tratando de relativizar el
problema a cosas de niños, calificados, en el acto de la vista, como
‘hechos puntuales normales dentro del colegio’”.
Tras un largo proceso, la niña fue cambiada de colegio por el
procedimiento extraordinario. Junto a ella, también su hermana pequeña.
Según comenta Ferreyras, este cambio de centro educativo supuso un
aumento de la culpabilización para su hija, que vio cómo, a pesar de ser
la víctima, era ella y su familia quienes tenían que modificar su vida
para evitar que la situación continuase.
La familia ha emitido un comunicado de prensa en el que
recogen algunas de las consideraciones de la sentencia. Entre ellos, se
describe la situación de Camila en el centro educativo, como de
«constantes insultos, humillaciones, intimidaciones, amenazas y
aislamiento por parte de los compañeros, llegando a describir hasta 16
situaciones conflictivas, determinantes de graves daños psicológicos a
la menor».
Según el mismo comunicado, la situación vivida por la niña le causó
un trastorno de estrés postraumático grave, asociado a sintomatología
depresiva, ansiedad, miedo y baja autoestima».
Al parecer los protocolos puestos en marcha no fueron eficaces, el
centro educativo no informó de la situación a la Inspección educativa de
la Comunidad, ni implementó los procedimientos previstos, como la
recogida de los testimonios del alumnado, no hubo seguimiento de las
medidas adoptadas, ni se entrevistó a las familias de los menores
involucrados en el caso.
De hecho, explica Ferreyras al teléfono, en el tiempo en el que la
niña estuvo escolarizada en el centro, dos fueron las directoras. La
primera, comenta, fue cesada por la gestión del primer protocolo que se
puso en marcha, «un protocolo fantasma», define, que se cerró tras unos
diez días hábiles y en el que se reconocía la existencia de un
conflicto, pero que no supuso ninguna medida, más allá de que el grupo
de niños y niñas se dictulpase con el resto (incluida Camila).
La familia espera que la sentencia sea ejemplificadora para el
sistema educativo, asegura el comunicado emitido, en la lucha contra la
discriminación racial y la violencia que hoy sufren numerosos niños en
sus colegios.
Para ellas, supone un «reconocimiento moral, un resarcimiento»,
explica Petra, quien explica que su hija está muy contenta por el fallo
porque reconoce todo lo que la niña ha padecido y «todo lo que no han
hecho».
Petra Ferreyras continuará con la campaña que iniciara hace semanas,
#SuspensoAlRacismo, con la que espera que, tras la sentencia, se
produzcan importantes mejoras en los protocolos de los centros
educativos, una mejora de la guía de la Comunidad de Madrid en la que se
incluya el racismo como uno de los tempas que ha de contemplar, así
como la mejora de la formación del personal docente, así como de las y
los monitores de comedor.
Esta noticia, explicada en clase, me ha hecho reflexionar sobre un tema que es hoy en día muy presente en las aulas; el acoso escolar.
Una de las funciones del maestro es saber detectar cuándo se trata de un caso de acoso escolar y poner en práctica el protocolo correspondiente.
Es verdad que hoy en día, es muchos casos, siempre es la víctima la que tiene que cambiar su vida para evitar que la sigan acosando pero, ¿realmente es lo que se debería de hacer? En muchos casos los centros prefieren cambiar la victima de clase porque es más sencillo cambiar a una persona que a cinco (que son los que provocan esta situación). En otros casos, es preciso hacer actividades grupales e intentar que acabe integrándose la persona que está aislada. Pero, en muy pocos casos se ha visto que sean los responsables los que cambien de colegio y tengan que cambiar su situación.
Esto debería de hacernos reflexionar y ver por qué en muchos casos, como en la noticia, el centro no aplica el protocolo contra el acoso escolar y prefiere hacer otro tipo de alternativas como reunir a los niños implicados y obligarles a disculparse con la víctima.
Como futuros maestros debemos tener muy en cuenta cuál es el protocolo a seguir en un caso de acoso escolar y ayudar siempre a la víctima, también, intentando reeducar a los niños que provocan esta situación.
Como futuros maestros debemos tener muy en cuenta cuál es el protocolo a seguir en un caso de acoso escolar y ayudar siempre a la víctima, también, intentando reeducar a los niños que provocan esta situación.
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